Hallábame yo, mi perrería y viceversa tirado en el sofá del piso después de clase buscando desesperadamente (?) algo interesante en la tele que me despertara del letargo en el cual me encontraba cuando, de golpe, topé con ese programa de moda (?!) que marca sensaciones en los hogares españoles: "Mujeres, hombres y viceversa".
Para los pocos no-marujos que no sepan de qué va esto resumiré rápidamente la mecánica de tal obra maestra televisiva: un tío o una tía conocidos como tronistas o, como me gusta llamarles a mí, el farlopero o la suelta, respectivamente. Los protas se van alternando diáriamente, es decir, un día son los farloperos los que salen en el programa con su correspondiente grupo de pretendientas cada uno por las cuales son agasajados y al día siguiente son las dos sueltas las que aparecen. Cabe destacar que durante el transcurso del programa entre tanta guarra y tanto cocainómano vemos patente la filosofía TeleCinco, siendo de lo más normal -hasta el punto de echarlo en falta el día que no es así- las broncas, los gritos, los insultos... pese al horario en el que se emite.
Pero lo más curioso de todo es una de las colaboradoras del programa: no se trata del típico colaborador del género-especie Tocapelotus máximus del estilo Carmele Marchante, Kiko Hernández o incluso la gran, gran (?) Belén Esteban. Se trata de una mujer que rondará los 65 años con peinado de yaya -sí amigos, ese pelo semi-corto, ondulado y ligeramente peinado para atrás que indefectiblemente todas las abuelas llevan- conocida como "la Mari" y cuyo papel es dar una visión reprimida y cincuentera enmedio del prostibulo montado, préviamente descrito. Lo mejor de todo es que mientras los garrulos de turno se tiran tochanas a la cabeza la abu se muestra impertérrita ante tal batalla campal mientras -muy importante- hace ganchillo en una mesa camilla -y, ojo, más importante aún- enmedio del plató (!) como si fuera el centro del universo, un claro caso de yayacentrismo el de este programa. Pero, cuando todos estamos prácticamente convencidos de que la función de esa mujer en el programa no es otra que hacer bufandas para todo el puto elenco de realizadores del programa, la Mari nos sorprende y deleita al público con un comentario ingenioso del estilo "pues yo con treinta años ya llevaba diez casada con mi marido y el pobre no me podía tocar ni con un palo, fíjate tú, pero claro cualquiera lo hacía porque eran otros tiempos y estaba Franco que..." (que ya sé que no viene a cuento, pero los yayos es lo que tienen, que cuando empiezan a chochear les da por hablar de Franco, se creen que queda bien siempre, sea cual sea el contexto).
Finalmente mencionar la visión de tal personaje por parte de los farloperos que se prestan en el programa los cuales se dedican a descojonarse cada vez que la pobre mujer abre la boca, sudando de toda la sabiduría que la mujer derrocha, con mirada de superioridad y pensando algo así como ¿qué hace alguien como tú en un programa como este?
Para los pocos no-marujos que no sepan de qué va esto resumiré rápidamente la mecánica de tal obra maestra televisiva: un tío o una tía conocidos como tronistas o, como me gusta llamarles a mí, el farlopero o la suelta, respectivamente. Los protas se van alternando diáriamente, es decir, un día son los farloperos los que salen en el programa con su correspondiente grupo de pretendientas cada uno por las cuales son agasajados y al día siguiente son las dos sueltas las que aparecen. Cabe destacar que durante el transcurso del programa entre tanta guarra y tanto cocainómano vemos patente la filosofía TeleCinco, siendo de lo más normal -hasta el punto de echarlo en falta el día que no es así- las broncas, los gritos, los insultos... pese al horario en el que se emite.
Pero lo más curioso de todo es una de las colaboradoras del programa: no se trata del típico colaborador del género-especie Tocapelotus máximus del estilo Carmele Marchante, Kiko Hernández o incluso la gran, gran (?) Belén Esteban. Se trata de una mujer que rondará los 65 años con peinado de yaya -sí amigos, ese pelo semi-corto, ondulado y ligeramente peinado para atrás que indefectiblemente todas las abuelas llevan- conocida como "la Mari" y cuyo papel es dar una visión reprimida y cincuentera enmedio del prostibulo montado, préviamente descrito. Lo mejor de todo es que mientras los garrulos de turno se tiran tochanas a la cabeza la abu se muestra impertérrita ante tal batalla campal mientras -muy importante- hace ganchillo en una mesa camilla -y, ojo, más importante aún- enmedio del plató (!) como si fuera el centro del universo, un claro caso de yayacentrismo el de este programa. Pero, cuando todos estamos prácticamente convencidos de que la función de esa mujer en el programa no es otra que hacer bufandas para todo el puto elenco de realizadores del programa, la Mari nos sorprende y deleita al público con un comentario ingenioso del estilo "pues yo con treinta años ya llevaba diez casada con mi marido y el pobre no me podía tocar ni con un palo, fíjate tú, pero claro cualquiera lo hacía porque eran otros tiempos y estaba Franco que..." (que ya sé que no viene a cuento, pero los yayos es lo que tienen, que cuando empiezan a chochear les da por hablar de Franco, se creen que queda bien siempre, sea cual sea el contexto).
Finalmente mencionar la visión de tal personaje por parte de los farloperos que se prestan en el programa los cuales se dedican a descojonarse cada vez que la pobre mujer abre la boca, sudando de toda la sabiduría que la mujer derrocha, con mirada de superioridad y pensando algo así como ¿qué hace alguien como tú en un programa como este?
